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5
Oct

Región de Los Lagos y la Isla de Chiloé

Un recorrido por los más escénicos paisajes lacustres y costeros, entre bosques y montes nevados, a través de una región riquísima en belleza natural y destinos de aventura.

Por Francisca Gálvez V.

 

Comenzaremos a orillas del gran Lago Llanquihue, uno de los más importantes y extensos de la región, en cuyo horizonte hacia el oriente se alzan como una postal los escénicos volcanes Osorno y Calbuco, con su imponente presencia de picos nevados. A lo largo de sus riberas se establecen icónicos poblados como Frutillar, Puerto Octay, y la hermosa Puerto Varas. Conocida como una de las ciudades más bellas de Chile, fue fundada por colonos alemanes a mediados del siglo XIX, y desde sus inicios se caracterizó por su enfoque turístico. Hoy ofrece al viajero buena hotelería y gastronomía, playa lacustre y un hermoso paisaje en los alrededores, donde se puede practicar actividades al aire libre como trekking, kayak, rafting, ciclismo y cabalgatas. 

 

Desde Puerto Varas, por el camino que bordea el lago hacia Ensenada, y continuando hacia Petrohué, llegaremos al Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, el más antiguo de Chile, creado en 1926, y parte de la reserva de la Biosfera Bosques Templados Lluviosos de los Andes Australes. Vale la pena hacer una parada junto a la entrada principal del parque, para avistar los famosos Saltos del Petrohue. Una zona donde el volcanismo, y los procesos tectónicos y glaciares, dieron forma a una cordillera entre bosques siempreverdes, donde destaca el magnífico Lago Todos Los Santos –o Lago Esmeralda como también se le conoce- con sus aguas de intenso turquesa, en cuyos alrededores se puede hacer caminatas por sus lindos senderos en un entorno rodeado de coigües, ulmos, tepas y olivillos; con vista de los volcanes Osorno, Puntiagudo y Tronador. 

 

Hacia el sur, el Parque Nacional Alerce Andino destaca por su enorme macizo montañoso y profundos valles cubiertos por tupidos bosques de alerces –algunos muy antiguos- que pueblan 20.000 hectáreas del parque, además de otras especies típicas de la zona, como el coigüe, la lenga, el mañío y el canelo. Este parque se puede recorrer a través de sus varios senderos de trekking, pudiendo avistar fauna protegida como el pudú, el puma, la guiña y monito del monte. ¡Imperdibles son las vistas del Lago Chapo y los valles de los ríos Chaicas y Lenca!

 

La Costa de Osorno es otro de los lugares -menos visitados- que vale la pena conocer de la región de Los Lagos. A una hora de Osorno, en la comuna de San Juan de la Costa, Bahía Mansa crea un escenario perfecto para disfrutar de hermosas playas y una rica cultura ligada al pueblo huilliche. Hacia el sur aparece Maicolpué, otro balneario de arenas blancas, rodeado de bosque valdiviano, y dividido por el río del mismo nombre. Cuenta con diversos locales comerciales y gastronómicos en un boulevard costero; y a 2km se encuentra un faro con impresionantes vistas. 

 

Pequeño paraíso de arenas blancas y aguas turquesas rodeado de bosque sureño, Caleta Cóndor es uno de los secretos mejor guardados de la región, destacado por The Guardian como uno de los imperdibles para visitar en Chile. Ubicada al sur de Caleta Huellelhue, forma parte de la reserva huilliche Mapu Lahual (“mar y tierra de alerces” en mapudungun) y a la que sólo se puede llegar a pie, realizando un exigente trekking, o en bote desde Bahía Mansa. Lugar ideal para la práctica del buceo, andar en kayak, y hacer caminatas en la naturaleza.  

 

Cruzando el canal de Chacao, al sur de Puerto Montt, nos espera el archipiélago de Chiloé, conformado por una gran isla y una multitud de pequeñas islas e islotes;

un lugar único de enorme riqueza cultural, poblado de gente amable con tradición de mar y pintorescos palafitos sobre el agua. Tierra de tradiciones ancestrales, identidad local; fantásticas leyendas y mitos, patrimonio y gastronomía (no dejar de probar el curanto: variedad de carnes y mariscos cocinadas con un método milenario, utilizando piedras calientes enterradas en un hoyo, tapado con tierra y hojas). Vale la pena visitar sus coloridas ferias y mercados; así como las famosas iglesias chilotas, construidas por los jesuitas desde el siglo XVIII, en madera y con un estilo tradicional, de las cuales casi una veintena -como las de Castro, Chonchi y Achao- son desde el año 2000 Patrimonio de la Humanidad por Unesco.

 

Chiloé cuenta además con una inmensa biodiversidad natural, que se puede apreciar en el Parque Nacional Chiloé, cerca de Cucao, donde predomina la selva valdiviana con un denso bosque siempreverde, arbustos y plantas trepadoras, donde destaca el lago Cucao, las dunas litorales y las colonias de lobos marinos. Los amantes del trekking, podrán caminar los múltiples senderos del Parque Tantauco –en el sur más alejado y salvaje de la isla grande- con 118.000 hectáreas, que abarcan grandes y pequeñas playas, lagos y ríos, bosques y milenarios cipresales. 

 

En tanto, a la altura de Chiloé, por el continente, comienza la Carretera Austral. Desde Puerto Varas, bordeando el estuario de Reloncaví, se llega al poblado de Cochamó, caracterizado por sus callecitas en pendiente y sus lindas vistas del estuario y del volcán Yates. Es también el principal acceso al Valle de Cochamó, donde el cristalino río del mismo nombre cruza los valles y bosques, coronados por escarpadas paredes de granito, reconocidas por escaladores y montañistas de nivel mundial.

A 13km al sur del pueblo de Puelo, el Parque Tagua Tagua es una concesión privada de una belleza alucinante, donde los bosques de alerces y especies nativas bordean los senderos cubiertos de musgos y líquenes, y entre los claros se dejan ver, cada ciertos tramos, las enormes paredes de granito que lo enmarcan. El parque cuenta con dos refugios, cuyo uso, al igual que la lancha para el acceso al lugar, se debe coordinar con anticipación. 

Los Lagos, una región que ofrece algunos de los más hermosos y verdes paisajes de Chile, donde el agua y la vida abundan, entre ríos y lagos, volcanes y milenarios bosques; un escenario imposible mejor para el turismo aventura y de contemplación.